jueves, 17 de abril de 2014

ocean lovers i



Cada mañana, al despertar, cuatro jóvenes científicos veían danzar los rayos del sol entre las miríadas de los peces plateados llamados agujas, y por las puertas de plástico observaban cardúmenes de pargos amarillos que pastaban en las paredes coralinas vivas, limítrofes de su habitación submarina en el Caribe. Después del desayuno se ponían sus equipos de escafandra autónoma y salían del vestíbulo a prueba de tiburones para nadar, hombro con aleta, con otros de sus vecinos: la macarela, el pez ámbar, el escaro azul verdoso y las pomacéntridas de rayas vistosas.

Tal fue el exótico ambiente de un programa denominado Tektite I. Durante 60 días (el doble de tiempo que otros buzos) los cuatro oceanógrafos vivieron y nadaron en el fondo de la bahía Lameshur frente a la isla St. John, en las islas Vírgenes. NI una sola vez desde el 15 de febrero hasta el 15 de abril salieron a tomar aire. Demostraron que el hombre puede conservarse con buena salud física y mental viviendo como un pez entre los peces durante largos períodos y haciendo al mismo tiempo un trabajo útil. También demostraron que la mejor manera de estudiar el ambiente oceánico en sus cambios incesantes es convertirse en parte íntima y semipermanente de él.

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